sábado, 11 de abril de 2015

TRATA DE BLANCAS

 Introducción 
El tráfico de personas con fines de explotación sexual constituye a nivel mundial el tercer delito más redituable, luego del tráfico de drogas y de armas. Representa un flagelo para miles de mujeres, niños, niñas y adolescentes sometidos a una realidad económica que constituye el caldo de cultivo para las redes delictivas que hacen de esta forma de esclavitud, una fuente de ingresos donde  los riesgos y las pérdidas son  mínimos, y en donde el respeto por el cuerpo y la dignidad humanos, es inexistente.

 
La Violencia física y psicológica ejercida sobre las víctimas genera daños irreparables. La impunidad de sus verdugos resulta inadmisible. Frente a ello, el rol del Estado y de la Sociedad Civil adquiere gran  protagonismo, en la medida en que la concientización ciudadana y el mayor compromiso de las instituciones estatales, condenen no sólo la oferta sino también la demanda de la esclavitud sexual.

Palabras Clave: esclavitud sexual, violencia física y psicológica, abuso de poder, concientización ciudadana, políticas de estado eficientes.



Aunque nos cueste entender, sociedades tan civilizadas del mundo antiguo como la ateniense o la romana, a pesar de su esplendida vida en democracia, entendían como natural que una parte significativa de la población estuviera compuesta por esclavos.

En nuestra sociedad, la existencia de esclavos es inaceptable. La injusticia social, aún dentro de la legalidad imperante, nos indigna, sobre todo cuando dicha injusticia supera lo imaginable; cuando sabemos que hoy mismo existen personas sujetas a esclavitud, cautivas por la trata de personas.

La Violencia contra las mujeres adquiere una multiplicidad de formas  y expresiones: golpes, malos tratos, violaciones, muertes por abortos clandestinos, secuestro por redes de prostitución, etc.

Según datos de la ONU, 1 de cada 3 mujeres es víctima de violencia: en China están desaparecidas dos millones de mujeres, en India, de cada 1000 abortos, 927 son de fetos femeninos, en Ciudad Juárez (México) las desapariciones y asesinatos de cientos de mujeres continúan estando impunes.

En igual sentido, la Triple Frontera que integran Foz de Iguazú (Brasil), Ciudad del Este (Paraguay) y Puerto Iguazú (Argentina), constituye un espacio de gran vulnerabilidad para el delito de tráfico de personas. Se trata de una región con una realidad política, social y económica, verdaderamente compleja, en donde habitan más de 500.000 personas, y en donde predominan los pasos fronterizos no habilitados, y una marcada afluencia de turismo internacional, particularmente de turismo sexual.

La Organización Mundial del trabajo (OIT), ha manifestado que  la trata de personas es el tercer negocio más redituable, luego del tráfico de drogas y de armas, con ingresos estimados en 32.000 millones de dólares  anuales.
 Victimas Invisibles y Silenciadas: “Características de una problemática oculta”
Ya en el siglo XVII había comenzado a hablarse  de “traite des nègres”, y en el siglo XX por oposición y extensión de “traite des blanches” (Esta expresión encierra una notable discriminación respecto de las esclavas procedentes del África, para contrastarla con las mujeres blancas  sometidas a la trata, y pretendiendo de esta manera marcar la “superioridad” de la trata de mujeres blancas por sobre la de mujeres de raza negra).
 Tanto la OIM (Organización Internacional de Migraciones) como la ONU (Organización de las Naciones Unidas) definen la “trata de personas” (La palabra “trata”, deriva del  latín traho, traxi, tractum, que significa tirar hacia sí, arrastrar, llevar con fuerza y por la fuerza. La palabra “tráfico”, deriva del mismo origen pero en su versión de “trajinar”, remite a trasladar los negocios y las cosas de los negocios de un lugar a otro. Si bien, trata y tráfico no son lo mismo, coadyuvan entre sí) como un delito de lesa humanidad que incluye la captación, transporte, traslado, acogida o recepción de  personas, recurriendo a la amenaza, uso de la fuerza, u otros mecanismos de coacción, tales como el engaño, rapto, fraude, abuso de poder, concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener un logro  mediante la explotación de dichas personas.

Eugenio Freixas (Director General de la Oficina de Asistencia Integral a la Víctima del Delito de la Procuración General de la Nación de Argentina), define dos metodologías de trata: trata “dura” y trata “blanda”. En la primera, la víctima es capturada a la fuerza y llevada al lugar de cautiverio donde será explotada sexualmente. En la segunda en cambio, interviene el engaño respecto de propuestas laborales.

Explica incluso que hay proxenetas que trabajan con métodos similares a los de la venta en consignación (La consignación es una entrega en depósito, y las relaciones que se establecen entre el consignador y el consignatario corresponden a las que en derecho mercantil se estudian como depósito y agencia), es decir, dejando a su grupo de chicas por un lapso de tiempo en un prostíbulo, pasando a buscarlas tiempo después, y cobrando incluso, además de la comisión correspondiente, una especie de “multa”, en caso de ser restituidas en malas condiciones.
 Otra metodología con la cual también trabajan estas organizaciones delictivas, es la del delivery, y que consiste en llevar a las víctimas donde el cliente dice.
 Pueden ser trasladas dentro de un mismo país (trata nacional), o cruzando fronteras internacionales (trata internacional) a fin de alejarlas de su ámbito social y familiar.

Una de las formas más efectivas de ejercer el “control” sobre ellas, es generando un vínculo de dependencia económica en virtud del cual, los traficantes cobran generalmente una suma de dinero por el transporte y por la  restitución de los documentos de identidad de los cuales las mujeres son despojadas durante o después de finalizado el traslado; de modo tal que las víctimas, al llegar a destino deben “abonar” esa suma mediante alguna forma de prostitución. “El endeudamiento se suscita cuanto el traficante no permite a las mujeres que abandonen la prostitución, hasta que hayan saldado sus cuentas, y en muchos casos, éstas crecen por efecto de los cargos por alojamiento y alimentación debidos  como sanciones pecuniarias” (Phinney Alison, “Trafico de Mujeres y niños/as para la explotación sexual en las Américas”
 La privación de su libertad puede hacerse efectiva a través de diferentes mecanismos de coacción, para que la víctima no pueda, o crea que no puede escapar. Son frecuentemente encerradas  y sometidas a toda clase de malos tratos, torturas y amenazas, en burdeles o casas, reforzándose  el control mediante el enrejado de ventanas, candados en las puertas, guardias y métodos similares.

También es habitual que los traficantes recurran a la violencia y a las amenazas de emplearla como medios de iniciación, intimidación, castigo y control. Se emplea la agresión física y la violación para “iniciar” a las mujeres en la industria del sexo y para obligarlas al cumplimiento. Algunas sobrevivientes recuerdan incluso haber sido violadas y golpeadas como castigo por el rechazo de clientes, presentación de reclamos, intentos de fuga, o sencillamente para gratificación del traficante o rufián (Rufián es una palabra derivada del latín que significa “alcahuetear a una mujer”, en conexión  con la expresión “rufus” es decir pelirrojo, o cabellos rojos, por cuanto las prostitutas romanas usaban pelucas rojas y rubias).
 Consecuencias Físicas y Psicológicas
Las mujeres sometidas a la esclavitud sexual pierden  no sólo su derecho a la identidad, sino también a la parentalidad (dejan de  ser hijas, madres, novias, esposas); a disponer de sus cuerpos y de sus bienes; a reproducirse libremente, por cuanto en caso de resultar embarazadas son forzadas a abortar, -o peor aún-, en caso de parir, son obligadas a entregar sus hijos  como instrumento propicio para el tráfico de niños, o de órganos.

La Violencia física y psicológica generadas por este delito, provoca depresión, insomnio, paranoia, sensación de desamparo y escasa autoestima, pensamientos e intentos de suicidio, lesiones físicas como hematomas, fisura de huesos, heridas de arma blanca, lesiones en la cabeza, boca y dentadura, y en muchos casos la misma muerte.

Ello sumado al riesgo de contraer infecciones  y enfermedades transmisibles por vía sexual (ITS) como el VIH/SIDA, gonorrea, clamidia, inflamaciones pélvicas, etc. Riesgo que puede atenuarse o agravarse en función del número de clientes y del uso de profilácticos.

Frente a esta realidad, el consumo de estupefacientes suele ser un recurso común de “escape” para las víctimas, pero principalmente un medio empleado por los proxenetas para mantenerlas dóciles y dependientes.
 Otro tanto ocurre con la explotación sexual de niños,  niñas y adolecentes, quienes, además  de sufrir iguales  riesgos de contraer enfermedades  e infecciones de transmisión sexual, también sufren las consecuencias de una “sexualización traumática”, en situaciones en las que el sentimiento de haber sido traicionados, y la impotencia frente a la irrupción sexual adulta en el universo infantil, terminan por ser perjudiciales para  el desarrollo del niño y el adolecente, viéndose disminuida su capacidad para crear vínculos y obtener buenos resultados en las relaciones interpersonales, pudiendo generar incluso, diversas clases de morbilidad  psiquiátrica.


El Estado y la Sociedad Civil
El tráfico de mujeres  es un fenómeno que afecta a todos los países, y el traslado se hace siempre de un país pobre hace otro más rico.

En el escenario de América Latina, la trata  se remonta a la época de la conquista, cuando los españoles en cumplimiento de la ley de guerra, tomaban o entregaban el “botin de mujeres” al vencedor, dando origen al comercio sexual y creando establecimientos para su ejercicio.

En la actualidad los Estados latinoamericanos y más específicamente, las democracias latinoamericanas han buscado afirmarse -en muchos casos, después de sangrientas dictaduras-, hablando del respeto por la dignidad y los derechos humanos. No obstante, la realidad empírica demuestra que el pasado no es pasado, que aunque los gobiernos se adjudiquen la bandera de la “lucha por los derecho humanos”, sus diversas formas de violación continúan siendo moneda corriente en toda Latinoamérica.

No encontramos frente  a  un delito que no ocurre al margen de las fuerzas de seguridad, ni de los demás  funcionaros e instituciones del Estado. Por el contrario, se han convertido en el eslabón necesario y fundamental para que el negocio de la trata y tráfico humanos, funcione.
 Cuando hablamos de las fuerzas de seguridad nos estamos refiriendo a la policía, la gendarmería, la prefectura naval, mientras que bajo la denominación “funcionarios” quedan incluidos políticos, jueces y empleados judiciales. Ello así, por cuanto es una actividad que requiere de una “logística minuciosa”: es necesario trasladar a las mujeres de una provincia  a otra o de un país a otro, y es necesaria documentación falsa para cambiarles la identidad.

El aparato judicial y policial son esenciales  en esta fase: no sólo liberan el territorio, o incluso realizan ellos mismos los traslados, sino que además facilitan la documentación falsa, avisan cuándo habrán allanamientos en los prostíbulos, desestiman u obstaculizan las denuncias de los familiares y las investigaciones, hacen desaparecer pruebas, cambian silencio por dinero, e incluso tienen “pase gratis” para cobrarse con las víctimas estos favores o colaboraciones con la “red”.

Verdadero terrorismo sexual desplegado sobre el cuerpo de mujeres  forzosamente prostituidas: ¿Por qué no hablar entonces de “esclavitud sexual”? ¿Por qué no asimilar los prostíbulos a “campos clandestinos de concentración”? Se trata de mujeres sometidas -sin DNI, ni dinero ni medios de comunicación-, violadas, torturadas -física y emocionalmente-, obligadas -sin libertad de elección ni escapatoria- a mantener relaciones sexuales con clientes desconocidos y en lugares de los que no pueden salir.

¿Y la Sociedad Civil? ¿Cuál es su rol en esta problemática? ¿Por qué la opinión pública repudia la desaparición de personas durante las dictaduras pero no habla del secuestro de mujeres?

Es necesario erosionar desde abajo el terreno fértil sobre el cual actúan los traficantes, para obtener y consolidar una solidaridad política y social, que impida que una mujer, niña, o niño, vuelva  ser sometido a ningún tipo de violencia.

Si tornamos visibles a quienes contratan para su placer sexual a niñas y mujeres esclavas, quedará en descubierto un submundo compuesto por hombres que, aunque formen parte de organizaciones familiares y de las instituciones que sostienen los ordenamientos de un país, también se encuentran sexualmente comprometidos con estas situaciones de “abuso de poder”.
 La “invisibilización” actual de la demanda  y de los demandantes responden a patrones  de una sociedad que tiende a silenciar  y a asumir la existencia de un supuesto básico: “los hombres pueden disponer de los cuerpos de las mujeres, cualquiera sea la situación en la que ellas se encuentren”.

Si bien es cierto que no todos los hombres  recurren a mujeres y niñas/os reducidos a esclavitud sexual ; “visibilizar”, “exponer” a los que sí lo hacen, es decir “al cliente” –probablemente padre de familia, pariente cercano, sujeto de la vida pública–, implicará implementar estrategias tendientes a quebrantar el tradicional ordenamiento social representado por el poder masculino.

Abordar los casos de mujeres desaparecidas, requiere de una discusión en la que muchas personas no quieren entrar, porque les resulta incómoda y comprometedora, ya que es mucho más complejo poner en tela de juicio a la prostitución y a toda la “cultura y costumbre social” que la sostiene.

No es posible enfrentar y eliminar la trata de personas sin asumir y denunciar la “complicidad” del entorno social y del Estado y sus instituciones, dentro de una realidad en la que muchos preconceptos socialmente naturalizados, como el de la “libre elección” o el de la “prostitución como trabajo”, constituyen  la forma en que las democracias burguesas asumen y consienten el derecho de los hombres a consumir prostitución.

Conclusion: Sin clientes no hay prostitución ni esclavitud sexual
La globalización no sólo es un fenómeno económico. También constituye una realidad política en la que se ejercen diversas formas de dominación. Entre ellas la trata laboral y prostibularia que trasciende los límites nacionales para atravesar las fronteras internacionales.

Si bien el negocio de la trata de personas con fines de explotación sexual, es hoy el tercer negocio clandestino más redituable en el mundo, se acerca a ritmos acelerados al primer lugar. Su faceta económica explica la falta de voluntad política para actuar contra ella, y para comprar voluntades, silencios, y complicidades.
 Frente a esta realidad es necesario impulsar el compromiso sociopolítico  capaz de impedir el avance de los proxenetas en la individualización y captación de las víctimas. Compromiso que requerirá por un lado, dotar de “eticidad” y “efectividad” a las políticas de estado; y por otro, sentar las bases para lograr la “concientización ciudadana” frente a un delito en el cual la mujer es muchas veces sospechada de connivencia con sus propios explotadores.

 Nos enfrentamos a un delito que sólo  es posible mediante una red criminal que opera a nivel  mundial y que involucra a empresarios, tratantes, entregadores, policías, jueces, y clientes. En consecuencia supone un “juego de poderes” en donde si bien la mujer, niña, niño o adolecente es reducido a una simple “mercancía” (objetivación de la víctima) susceptible de generar cuantiosas ganancias, también supone la preexistencia de un elemento subjetivo sin el cual, toda este entramado no   existiría. Hablamos de la conducta sexual masculina, -irresponsable y opresora si se quiere-, a partir de la cual, el hombre busca satisfacción en el “abuso de poder”, que  ejerce contra las víctimas sometidas.

Abuso de poder que encuentra su razón de ser en la circunstancia de que el “cliente” no  desconoce la vulnerabilidad de la persona cuyos servicios contrata.

Lejos de ser un objeto, una mercancía susceptible de comercializarse, la víctima de trata es un sujeto de derecho, y como tal, merece contención, protección, recuperación, respeto, pero por sobre todo, justicia.


Para ello serán necesarias políticas de Estado efectivas. Políticas de estado que frente a la oferta y a la  demanda de la esclavitud sexual existente, sean no sólo “educativas”, sino también “punitivas”, es decir, que apunten a la prevención y a la sanción del delito, y que impulsen el compromiso de la Sociedad Civil frente a esta problemática.
 Se trata de obtener un cambio en la conciencia social, a partir de la cual los ciudadanos  no sólo desnaturalicen el clientelismo sexual, sino también censuren  y condenen al sujeto que se atreva a abusar de una mujer, de un niño/a, o  de un adolecente, en condición de esclavitud; en consonancia con el desarrollo de  políticas eficientes en materia de Salud Pública, Educación, y Fuerzas de Seguridad, sustentadas  a su vez por un marco  legislativo idóneo, capaz de  erradicar un delito que ha alcanzado escalas mundiales.-

DROGAS

         Tipos de dogas y sus efectos 

Una droga es, en el sentido amplio del término, una sustancia químicaque tiene efectos biológicos conocidos en humanos o animales. Los alimentos son excluidos de esta definición a pesar de sus efectos fisiológicos conocidos en la mayoría de las especies animales.
El término droga, puede ser utilizado como todo fármaco o principio activo de un medicamento, elemento de origen biológico natural o producto obtenido de él por diversos métodos, o sustancia producida artificialmente, que produce efectos en el sistema nervioso central. Puede modificar el estado de ánimo produciendo placer e incluso, llegar a tener potencial de abuso y perjuicio.

Alcohol

Tipo de droga: Depresivo.
Forma de consumo: Oral.
Efectos: Adicción (alcoholismo), mareos, nausea, vómitos, resacas, dificultad de expresión, sueño interrumpido, problemas motores, conducta agresiva, problemas al embarazo, depresión respiratoria y muerte (en dosis altas).

Anfetaminas

Tipo de droga: Estimulante.
Forma de consumo: Oral, inyectado, ingerido o fumado.
Efectos: Adicción, irritabilidad, ansiedad, presión alta, paranoia, psicosis, depresión, agresión, convulsiones, pupilas dilatadas, mareos, falta de sueño, falta de apetito, malnutrición, altos riesgos al VIH, hepatitis y otras enfermedades contagiosas si es inyectado.

Metanfetaminas

Tipo de droga: Estimulante.
Forma de consumo: Oral, inyectado, ingerido o fumado.
Efectos: Adicción, irritabilidad, agresión, hipertermia, derrames cerebrales, paranoia, psicosis, convulsiones, toxicidad en el corazón y los vasos sanguíneos, alucinaciones, arritmia, (la sensación de que insectos andan por debajo de la piel).

Ecstasy

Tipo de droga: Estimulante.
Forma de consumo: Oral.
Efectos: Disturbios psiquiátricos como el pánico, la ansiedad, la depresión y la paranoia. Tensión muscular, náusea, visión borrosa, transpiración, palpitaciones elevadas, estremecimientos, alucinaciones, desmayos, escalofríos, problemas para dormir y falta de apetito.

Benzodiasepinas

Tipo de droga: Estimulantes/relajantes y depresivos
Forma de consumo: Oral o inyectada.
Efectos: Falta de apetito, calenturas, convulsiones y dolores de cabeza severos. Alto riesgo al VIH, hepatitis y otras infecciones. Paranoia, alucinaciones, repetición de movimientos y tareas sin sentido excesivos, estremecimientos, tics musculares, sensación de energía o mucho sueño.

Herbal Ecstasy/Efedrina

Tipo de droga: Estimulante.
Forma de consumo: Oral.
Efectos: Palpitaciones elevadas y presión alta. Ataques epilépticos, infartos, derrames cerebrales y muerte.
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Designer Drugs

Tipo de droga: Estimulante.
Forma de consumo: Inyectado, ingerido o fumado.
Efectos: Parálisis respiratoria instantánea. Alta posibilidad de sobredosis por su potencia. Muchos de los mismos efectos de la heroína.
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Cocaína

Tipo de droga: Estimulante.
Forma de consumo: Inhalada, fumada o disuelta en agua e inyectada.
Efectos: Adicción, dilatación de las pupilas, presión y latidos del corazón elevados. Respiración elevada, ataques epilépticos, infartos, insomnio, ansiedad, inquietud, irritabilidad, temperatura elevada, muerte de una sobredosis.

Crack

Tipo de droga: Estimulante.
Forma de consumo: Fumado.
Efectos: Igual que la cocaína.
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Heroína

Tipo de droga: Opiáceos.
Forma de consumo: Smack. Suele ser inyectada.
Efectos: Adicción. Vocalización poco clara, paso lento, pupilas contraídas, párpados perezosos, problemas con la visión nocturna, adormecimiento, depresión respiratoria o falta de respiración, resequedad de la piel, infecciones epidérmicas. Alto riesgo a VIH, hepatitis y otras enfermedades contagiosas, si se inyecta.

PCP

Tipo de droga: Alucinógeno.
Forma de consumo: Ingerido, fumado, oral o inyectado.
Efectos: Alucinaciones. Experiencias de desdoblamiento, problemas con la coordinación motriz, inhabilidad de sentir dolor, ataque respiratorio, desorientación, temor, pánico, agresión, alto riesgo al VIH, hepatitis y otras enfermedades contagiosas si se inyecta. Muerte.

LSD (Lysergic Acid Diethyl amide)

Tipo de droga: Alucinógeno.
Forma de consumo: Oral como gelatina/ líquido puesto en los ojos.
Efectos: Temperatura y presión elevada, falta de apetito, falta de sueño, estremecimientos, alucinaciones crónicas.

Hongos

Tipo de droga: Alucinógeno.
Forma de consumo: Masticados o hervidos y tomados como té.
Efectos: Presión elevada, transpiración, náusea, alucinaciones extremas que pueden provocar locura temporal.

Inhalantes

Forma de consumo: Los vapores son inhalados.
Efectos: Dolor de cabeza, debilidad muscular, dolor en el abdomen, cambios drásticos en el humor, agresión, nausea, sangra la nariz, daño al hígado, el riñón y los pulmones, desequilibrios químicos peligros, falta de coordinación, fatiga, falta de apetito, se disminuye la capacidad de oír y la respiración, hepatitis o la neuropatía periférica por uso constante.

Marihuana

Forma de consumo: Fumada o consumida.
Efectos: Ojos rojos, boca seca, uso de razón limitado o afectado, razón del tiempo alterado, habilidades que requieren concentración o coordinación son afectadas, como manejar un coche; paranoia, ataques de ansiedad intensificados, percepción alterada, se dificulta el asimilar información nueva, problemas con el aprendizaje, la memoria, la percepción y el criterio, problemas con el habla, con escuchar, pensar, atención de información y resolución de problemas.

Esteroides

Forma de consumo: Oral o inyectado al músculo.
Efectos: Cáncer del hígado, esterilidad, rasgos masculinos en mujeres, y femeninos en hombres, agresión, depresión, acné, cambios de humor.
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Tabaco

Efectos: Adicción, problemas con el corazón, la laringe, el esófago, la vejiga, el páncreas, el riñón, y la boca, cáncer pulmonar, enfisema y bronquitis crónica, aborto espontáneo, niños nacen pesando poco.